¿Qué es la traducción técnica y cuándo la necesitamos?

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Hablar de traducción técnica, traducción especializada, e incluso traducción científico-técnica es algo común a día de hoy. La pregunta es: ¿todo ello hace referencia a lo mismo? ¿Se trata solo de traducción de manuales o hay algo más? Pues bien, para aclarar un poco las ideas, deberíamos distinguir, en primer lugar, entre ciencia y técnica y entre lenguaje científico y lenguaje técnico.

 Ciencia y técnica, ¿el huevo o la gallina?

traducción técnica

No cabe duda de que ambos términos están íntimamente relacionados. Diríamos que la ciencia hace referencia al conjunto de conocimientos estructurados obtenidos mediante la observación y el razonamiento, que pueden ser comprobados experimentalmente. Por otro lado, la técnica hace referencia a los procedimientos prácticos que vienen de mano de la ciencia y que, normalmente, requieren ciertas habilidades o destrezas. Ambos se funden en la tecnología, la ciencia aplicada.

El Ministerio de Ciencia y Tecnología publica una sistematización de los campos de la ciencia y la tecnología realizada por la UNESCO. Puedes acceder a ella aquí.

 Traducción técnica y traducción científica, ¿es lo mismo?

Frecuentemente, nos encontramos con un uso algo confuso de estos términos. Da a entender que la traducción técnica está relacionada exclusivamente con los campos de la técnica, como traducción de manuales de máquinas, aparatos, herramientas e instrumentos. La traducción científica, por el contrario, parece referirse exclusivamente a documentos médico-farmacéuticos o de ciencias naturales.

Sin embargo,  la traducción técnica y la científica no pueden separarse por campos o disciplinas: ambas modalidades pueden darse en todos los ámbitos de la ciencia y de la tecnología.

Podemos decir que el lenguaje científico y el técnico se diferencian por su función o intencionalidad, el público objetivo al que se dirigen, el ámbito donde se originan, así como por el tipo de textos que producen.

traducción científicaEl lenguaje científico está escrito por científicos y se origina en ámbitos de investigación y educativos. Es más universal, con el inglés como lingua franca, su registro es culto, académico y teórico y su función es la transmisión de conocimientos, hallazgos o perspectivas (comunicación y divulgación científica). Los tipos de textos más frecuentes que encontramos aquí son artículos científicos, ensayos, así como tratados y libros de texto. Su público objetivo es el colectivo científico y académico y, en el caso de la divulgación, un público general culto.

traducción técnicaEl lenguaje técnico está escrito por técnicos, generalmente en un ámbito industrial. Su registro es más cercano al lenguaje común, suele tener más variantes regionales o locales y su función es práctica: instruir o enseñar. Nos encontramos con textos de diversos grados de tecnicidad, como patentes, manuales, instrucciones técnicas, ayudas online u hojas de características técnicas. Con frecuencia, al tratarse de documentación técnica de productos comercializados, en determinados tipos de textos se añade la intencionalidad de vender, como ocurre en el material de marketing como catálogos, folletos y sitios web. En función del tipo de texto, puede dirigirse a un público especializado o al usuario en general.

Vemos que, en ocasiones, el rango de actuación de un traductor en lo que se refiere a traducción técnica va más allá de la traducción de un manual o un documento técnico, y tiene que saber adaptarse a las características de cada género textual.

Hoy en día, hablar simplemente de “lenguaje técnico” se nos queda un poco corto, ya que son múltiples los canales mediante los que nos comunicamos (oral, escrito, visual…), por lo que sería más correcto hablar ya de la comunicación técnica.

Desde un enfoque terminológico, tanto el lenguaje científico como el técnico pueden contener el mismo léxico especializado, por lo que a menudo se suelen englobar en una única categoría: el “léxico científico-técnico” o “especializado”.

 La herencia de los traductores técnicos

piedra de la rosetaDurante la historia de la humanidad, la traducción siempre ha sido importante para el avance científico y tecnológico. La famosa Piedra de Rosetta, que representa un decreto en tres idiomas, permitió descifrar los jeroglíficos con la ayuda de los otros dos idiomas: el griego y demótico. Gracias a este hallazgo se pudo acceder a todo el conocimiento de los antiguos egipcios escritos en este lenguaje simbólico hasta entonces incomprensible.

BibliaTambién tenemos el caso de la Biblia, que se tradujo primero del hebreo al griego (versión Alejandrina del siglo III a.C.) y, posteriormente, del griego al latín (versión Vetus Latina y después Vulgata, realizada por el patrón de los traductores, San Jerónimo, en el siglo II d.C.). Más tarde se tradujo a las diferentes lenguas vernáculas y, en muchos casos, estas traducciones influyeron de forma importante en la lengua escrita de los diferentes países. En los siglos IX y X, gran parte de los trabajos científicos (matemáticas, astronomía, medicina, filosofía, historia y filología) y filosóficos de los griegos se tradujeron al árabe a manos de los traductores de la Casa de la Sabiduría de Bagdad, y llegaron a Europa a través de España, entonces bajo el dominio musulmán. Más tarde, en el siglo XII, se funda la Escuela de Traductores de Toledo, donde se traducen gran cantidad de obras teológicas y filosóficas del árabe al español y al latín. Posteriormente, durante muchos siglos, la lengua de la ciencia en Europa fue el latín, pero, sobre todo a partir del siglo XVI, las lenguas nacionales van ganando terreno y cada vez aparecen más obras escritas en castellano.traducción En 1786 se publica el primer “Diccionario de la lengua castellana con las voces de ciencias y artes” (Pandos), en el que se recoge el vocabulario que se utilizaba en los talleres artesanos y numerosos términos de la ciencia y de la técnica de su tiempo. Algunas de las grandes obras sólo han perdurado a través de los siglos como traducción, mientras que el original ha desaparecido. Así ocurrió con la obra original de Aristóteles, escrita en griego clásico, que se perdió a los pocos años de su muerte. Podemos decir, por lo tanto, que muchas de las obras que servían para la divulgación de la ciencia eran traducciones: son la herencia de los primeros traductores técnicos.

 El “boom” de los lenguajes especializados

A partir del siglo XV, la invención de la imprenta, el auge de las telecomunicaciones y la llegada de la era digital facilitaron la transmisión de los conocimientos, tanto a escala nacional como internacional. Esto permite que se desarrolle una creciente especialización: se crean escuelas y grupos de investigación y se desarrollan nuevos campos y subdisciplinas científicas y tecnológicas a un ritmo creciente y, hoy en día, casi vertiginoso. Con ello surge la necesidad de una comunicación cada vez más especializada y aparecen conceptos nuevos que requieren nuevas denominaciones, es decir, aparece la necesidad de creación de vocabularios técnicos o especializados.

diccionarioSon los traductores técnicos los que influyeron de manera importante en la creación de los léxicos especializados al crear términos e importarlos de otras lenguas. Muchas de estas voces han hecho con el tiempo su entrada en el lenguaje general. Algunos ejemplos son los germanismos del ámbito de la guerra (guerra, guante, yelmo, espuela, obús) o de la química (cobalto, wolframio, cuarzo, níquel), los galicismos del ámbito de la moda (batista, beige, boutique, corsé, gabardina) y del vino (buqué, champán, sommelier), la gastronomía (chef, menú, gourmet, jamón, filete, croqueta, suflé, entrecot, crepe) y el turismo (souvenir, tour, hotel) y los innumerables anglicismos de campos como la informática o las finanzas.

Además, cabe señalar que se han intensificado las relaciones internacionales, tanto políticas y culturales como económicas, gracias a los modernos medios de transporte por aire, mar y tierra. El comercio internacional requiere superar barreras idiomáticas, por lo que la traducción técnica se ha convertido en uno de los sectores de la traducción más demandados.

 Características del lenguaje técnico

Podemos decir que el lenguaje técnico es un subconjunto de la lengua, con coincidencias parciales con la lengua común pero con usos específicos de una materia determinada. Algunos rasgos lingüísticos de este lenguaje son:

  • Objetividad: en general, este tipo de textos tienen una labor informativa o explicativa pero, sobre todo, deben ser objetivos y claros. Los términos técnicos deben ser precisos para que relacionemos rápidamente el término con la realidad a la que denomina y evitar así la ambigüedad (1 término = 1 referente)
  • Coherencia terminológica: dentro de un texto se debe mantener siempre la coherencia terminológica, es decir, si no tenemos claro si usar un término u otro, no debemos alternarlos a lo largo del texto, pues solo causará confusión en el lector. Puede suceder que algún término no tenga equivalencia en la lengua meta por lo que el traductor tendrá que buscar una alternativa para resolver el problema, como puede ser la utilización de un préstamo, neologismo o, en último caso, tratar de explicar el término. En cualquier caso, debe ser una solución coherente y no debe tomarse a la ligera, ya que el lenguaje técnico es bastante estricto y no conviene que proliferen términos erróneos o que lleven a confusión. Existen organismos que regulan los productos y servicios a escala nacional e internacional (AENOR, ISO, etc.), donde podemos encontrar referencias a términos que pueden resultar muy útiles a la hora de traducir un texto, o también en la labor de documentación.
  • Precisión: se debe evitar el uso de palabras innecesarias que hagan que el texto tenga un estilo más rebuscado e incluso confuso.
  • Estilo lógico: la forma de redacción de los textos, en general, cambia según la lengua de la que se trate. Por eso, una de las labores del traductor es decidir cuál es la manera adecuada de redactar un texto en una lengua determinada: si se usa la voz activa o la pasiva, si se trata al lector de usted o de tú…
    A pesar de tener unas pautas generales sobre cómo se elabora la documentación técnica, todavía son poco conocidas y, por tanto, han tenido poco impacto, las modernas tecnologías de traducción asistida en la redacción técnica. Estamos convencidos de que los grandes beneficios que comportan harán que las empresas no tarden en tomar conciencia de la necesidad de optimizar los textos para su posterior traducción, ya sea para los sistemas de traducción asistida por bases de datos, o incluso para la traducción automática. Las tareas de redacción técnica a menudo recaen en los propios expertos técnicos que, en muchos casos, no tienen formación como redactor técnico.

Consejos para la traducción de textos técnicos

  1. Entender el contexto: es imprescindible saber a quién va dirigido el texto, cuál va a ser su uso, etc., para lograr el nivel de especialidad deseado en cada caso.
  2. Documentarse: la labor de documentación puede salvarnos de muchos problemas a la hora de traducir. Estar familiarizado con el tema, tener glosarios y saber a dónde acudir si tenemos dudas nos ahorra mucho tiempo y agiliza el trabajo del traductor.
  3. Estar al día: sobre todo si estamos especializados en un campo concreto, debemos informarnos en la medida de lo posible de todo lo que vaya sucediendo en el ámbito en cuestión. De este modo la documentación quizás no sea tan laboriosa.
  4. Mantener la coherencia textual: en los textos técnicos es fundamental la precisión y la exactitud, respetar la terminología, cuidar la ortografía y la gramática, etc., ya que el mínimo error puede tener consecuencias importantes.
  5. Atención a los neologismos: a veces se da por hecho que una palabra de reciente creación (sobre todo en el caso del inglés) no tiene un equivalente en la lengua meta. En muchas ocasiones es cierto y se toma la palabra inglesa como forma estándar y universal pero debemos asegurarnos siempre de que no haya un equivalente en la lengua de destino.
  6. ¡Ojo con las siglas, abreviaturas y acrónimos!: puede suceder que entre diferentes áreas de conocimiento haya coincidencia de siglas para designar diferentes realidades. Es probable que por el contexto descartemos alguna de las opciones pero debemos corroborarlo con alguna fuente fiable. Debemos conocer las convenciones de escritura de estos elementos (con o sin punto, mayúsculas y minúsculas, espacios etc.).
  7. Controlar las unidades de medida y las cifras: debemos asegurarnos de la correcta escritura de las cifras en las lenguas con las que trabajamos, y también realizar las conversiones necesarias para que el texto sea comprensible en la lengua meta. Los errores en las cifras, dependiendo del contenido del texto, puede llevarnos a errores muy graves.

 Enlaces útiles

Sistema Internacional de Unidades de Medida

Organismos de normalización y estandarización

Listados de datos terminológicos: AETER, RITAP,  DG TRAD EP

Redacción técnica: TEKOM, Society for Technical Communication



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